El fin de los dinosaurios

Recién llegado de unas cortas vacaciones por Vitoria y Palma de Mallorca no me puedo resistir a escribir sobre el ‘cataclismo’ que acaba de vivir la Casa Blanca. El Real Madrid ha perdido de un plumazo y sin dramatismo alguno a sus dos dinosauiros más señalados: Raúl González Blanco y José María Gutiérrez. Raúl y Guti se van del Madrid y eso es de por sí un terremoto no sólo para el hincha blanco sino también para la Liga Española que vera un torneo por primera vez desde 1994 sin alguno de los dos cracks sobre el césped. Los dos lo han sido todo en el Madrid. Injusto sería negarles su ascendiente  y su influencia en una institución que lo ha sido todo a lo largo de la historia gracias a jugadores que, como ellos, dedicaron su carrera deportiva a la entidad de Chamartín. Se van dos futbolistas que han sentido los colores del club y que son y seguirán siendo madridistas pero el árbol no debe ocultarnos el bosque: debieron irse antes. Ahora se van un poco de tapadillo aunque el club, el Real Madrid para el que siempre jugaron, debería rendirles un homenaje tal como se hizo con otros grandes de la entidad.



El sueño de toda una vida

* Editorial que publicaré en la revista Futbolista en su próxima edición

Tengo 38 años y he vivido el fútbol como una parte inseparable de mi desde que tenía ocho. He jugado todos los fines de semana de mi vida hasta hace un par de años, que colgué las botas; he entrenado dos o tres días por semana bajo la lluvia, con frío más propio de Finlandia o bajo un calor saharaui. Por si eso fuera poco, he sido directivo de un club de regional, tengo el carné de entrenador y he llegado a arbitrar durante una temporada para sacar algo de dinero. Además, voy todos los domingos a ver a mi equipo y desde que tengo uso de memoria, he visto todos los partidos de la Selección, a la hora que fueran, de madrugada o en hora estelar. Nunca me he perdido ningú partido y por eso mi memoria está repleta de fracasos, de penalties fallados; de goles increíbles errados; de robos arbitrales, de apuntes de hazañas que quedaron en nada. Simplemente, he vivido el fútbol de una manera apasionada y ahora, encima, intento vivir de ello como director de esta revista. No soy alemán, ni brasileño y ni siquiera italiano. Soy español y por eso no estoy acostumbrado a ganar. Seguramente, en un futuro próximo, volveremos a perder, pero que ahora nos quiten lo bailado. Somos campeones de Europa y campeones del Mundo. El sueño de toda mi vida cumplido. Y eso, en los tiempos que corren, es un pasaporte para la felicidad, aunque sólo sea por unas horas y mañana el paro o la crisis sigan estando ahí, pero hoy, toca recordar los malos tiempos que todos los futboleros de este país hemos pasado. Somos campeones del mundo. Casi nada. Y parecía imposible.



Una España memorable

Para los que rondamos los cuarenta, jugar contra Alemania era sinónimo de derrota. La cuestión era ver cuánto nos iban a caer o, si hacíamos un gran partido, cuánto aguantaríamos hasta que los ‘briegel’, ‘breitner’, ‘rummenigge’ o ‘matthaus’ de turno nos arrollarán al estilo panzer. Anoche, La Roja dio la última paletada de tierra a más de cien años de pesimismo y derrotas mínimas, a veces injustas, a veces increibles, a veces incomprensibles. Copenhague (1-3 a Dinamarca) fue el comienzo del camino; Viena un punto culminante cuando Iker alzó la Eurocopa al cielo austriaco y Durban, un lugar para incluir en el santoral futbolístico. La España que anoche arrolló jugando un fútbol primoroso a una Alemania que había goleado a Inglaterra y Argentina, dos colosos, firmó una noche memorable de fútbol, una noche para el recuerdo pero que no es más que la noche antesala de las más grande que cualquier aficionado al fútbol español puede vivir: la final del Campeonato del Mundo. Eso será el próximo domingo, ante Holanda, otra selección a la que el fútbol le debe un título. Hasta dentro de cuatro días habrá que disfrutar de lo visto hasta el momento. Por fin veremos una final del Mundial con España de protagonista. Se dice pronto.



El día de España

Hoy es uno de los días más importantes de la historia del fútbol español. No diría que el que más pero sí la antesala del que puede ser el partido más decisivo de cuántos ha jugado La Roja en su historia. Nunca antes jugó España una semifinal. En el 50 participaron 13 equipos y hubo una liguilla entre los cuatro primeros de grupo. De esa liguilla, el equipo de Zarra y Ramallets (dos leyendas) sacó un empate ante Uruguay, que fue la campeona, y dos derrotas. Quedaron cuartos. Hoy es una semifinal en toda regla a la que se llega tras una fase de clasificación y un Mundial con 32 equipos en liza. Y, por si fuera poco, en frente esta Alemania, tres veces campeona del mundo y que, desde 1966, ha jugado las finales del 66, del 74, del 82, del 86, del 90 y del 2002. Seis de diez. Y en las que falló, como en la del 2006, estuvo en semifinales. Los germanos son un hueso. Por eso, de ganar, la victoria sabrá aún mejor. Yo, que tengo 38 años, nunca he visto unas semifinales con España de protagonista. Como yo, la mayoría de los españoles. Por eso hoy, para todos nosotros, es un día muy grande.



La leyenda charrúa

En unas horas, Uruguay, la legendaria selección celeste se juega su pase a la final del Mundial de Sudáfrica. Los charrúas no se veían en otra así desde 1970, hace cuarenta años, justo cuando comenzó a gestarse aquel formidable equipo holandés que fuera bautizado como ‘La Naranja mecánica’ y al que tanto deben el fútbol en general y el Barcelona en particular. A mi me gusta Uruguay. Me gusta por su leyenda, porque están en el orígen mítico del fútbol, porque representan a un país ‘enano’ demográficamente hablando y porque tienen un carácter sobre la cancha del que pocos pueden presumir. Sus años de gloria están entre 1924, cuando ganaron los Juegos Olímpicos, y 1950, fecha en la que protagonizaron el Maracanazo. Después vinieron tiempos dorados a nivel de clubes en los sesenta con Peñarol y Nacional y, a partir de ahí, el más absoluto de los páramos. Uruguay se secó por causas bien conocidas: clubes en crisis económica galopante, venta masiva de futbolistas, nulo trabajo de cantera, ganancia fácil y todo eso aumentado por la falta de relevo en una población que no llega a la mitad de la provincia de Madrid. Pero esta noche, ese viejo Uruguay, perfectamente simbolizado en hombres como Forlán, Lugano, Muslera o el sancionado Luis Suárez vuelve al primer plano de la actualidad. Sobre el césped pondrán todo su palmarés. No creo que con eso les baste pero es que, además, saben jugar al fútbol. Como sus gloriososo antepasados.



España comienza a crecer

Comienza a subir la marea Roja. España, a trancas y barrancas, empieza a parecerse a la que tanto maravilló durante los dos últimos años, de la Eurocopa al Mundial. El partido de octavos ante Portugal mostró algunos buenos síntomas: Piqué y Puyol mezclaron bien; Capdevila cerró bien y mostró raza, sin arrugarse; Ramos está excepcional; Xavi e Iniesta tocaron y tocaron con criterio y Villa sigue enchufado. Además, Xabi Alonso sigue en su línea versátil y Llorente demostró que España tiene fondo de banquillo. Sigue habiendo síntomas preocupantes en lo que respecta a Torres y, en menor medida, Iker pero la sensación es que La Roja está entonada y que el sábado afronta una oportunidad histórica para pasar por primera vez desde 1950 a unas semifinales de un Mundial. Es cierto que Brasil, Alemania y Argentina parece que muestran más que España hasta el momento pero en cuartos, uno de los dos caerá seguro y Brasil no lo tendrá fácil con Holanda. Todo puede pasar pero los hombres de Del Bosque vienen ya curtidos. La derrota ante Suiza, visto lo visto, fue positiva. Ahora toca paciencia y descanso hasta el sábado, donde espera Paraguay. A los sudamericanos habrá que ganarlos si La Roja quiere hacer historia.



Inglaterra no puede hablar de goles fantasmas

El fútbol es tan peculiar y al mismo tiempo espectacular que ha tardado 44 años en conceder una revancha a Alemania, la que permite ‘vengar’ el gol fantasma de Hurst en la final de Inglaterra 66 y que sirvió para que el equipo de los ‘Tres leones’ levantaran su primera y única Copa del Mundo. Lampard marcó ayer un tanto excepcional pero el árbitro, uruguayo a diferencia del línear bielorruso de hace casi medio siglo, no vio que el balón, tras botar en el larguero, había pegado claramente dentro de la portería defendida por el alemán Neuer. Un gol antológico que suponía el empate a dos con toda la segunda parte por delante. El uruguayo, de forma incomprensible, no vio y eso dio oxígeno a una selección germana que, por otro lado, demostró un potencial estremecedor en los pies de sus jóvenes Muller, Ozil o Khedira. Acero y talento en estado puro tiene este equipo, candidato a todo. Los ingleses tienen derecho a quejarse y a poner el grito en el cielo pero siempre habrá alguien que les recuerde que ellos tienen un campeonato del mundo por un gol fantasma que no entró. Ahora, por un gol que sí entró, se han quedado fuera. Cosas del fútbol.



Italia, fracaso mundial

La campeona del mundo ya está en casa. Italia jugó en el alambre, como casi siempre, pero esta vez se cayó al vacío. La azurra se va del Mundial como última de un grupo en el que competía con Paraguay, Nueva Zelanda y Eslovaquia, que se dice pronto. Un fracaso mayúsculo aunque en este caso y a diferencia de Francia, estamos hablando de un asunto estrictamente deportivo lo que visto los tiempos que corren es, cuando menos, un consuelo. El problema italiano es de calado. Lippi, el hombre que pasará a la historia por haber llevado a Italia a la conquista de su cuarto Mundial pero también como el comandante que la condenó con sus decisiones a su vergonzante eliminación en Sudáfrica, se marcha por la puerta de atras y tras haber protagonizado un cúmulo de despropósitos deportivos. El viejo zorro no ha sabido renovar el equipo y ha pretendido ganar con el peso de la camiseta y viviendo de las rentas. Nada más. Demasiado poco para el igualado nivel que vive el fútbol actual. La Italia del 2010 era casi la misma que la del 2006 pero con cuatro años más (un mundo en el fútbol) y muchísimo menos talento con las bajas de Del Pierto o Totti. Lippi no ha sabido o no ha tenido ‘fantasistas’ que convirtieran el rocoso fútbol transalpino en un canal de comunicación fluido con los cazagoles que Lippi convocó. No ha sido así. El grupo azurri fue monolítico, mecánico y previsible. Por si fuera poco, tampoco fue rocoso atrás. Que a Italia la hagan un gol de saque de banda es para verlo y no creerlo. Todo junto dibuja un escenario de enorme fracaso. Hoy la campeona del mundo está ya en casa. Igual que la subcampeona. Y hoy juega la campeona de Europa....



Francia, hazmerreir mundial

La Gran Francia que conquistó el Mundial del 98 y la Eurocopa del 2000 ha envejecido de mala manera. Mejor dicho, no ha sabido envejecer. De la nula renovación de aquel equipo triunfal deriva la actual vergüenza más que deportiva, social, de escasez de valores y nula conexión con una sociedad francesa que contempla aturdida la debacle. ‘Les Bleus’ no debieron nunca estar en Sudáfrica. La mano de Henry avergonzó a la afición gala. Muchos, visto lo visto, debieron pensar que lo mal comienza mal acaba. Un Mundial es ya lo suficientemente complejo para que un grupo de futbolistas malcriados y consentidos lo conviertan en un infierno de convivencia anteponiendo en todo momento sus intereses personales a los de un grupo que no les representa a ellos por mucho que se crean sino a todo un país. Francia se ha convertido en el hazmerreir del mundo por convertir sus peleas de patio de colegio en un asunto de estado. Lo malo para los franceses es que detrás de las rabietas de niñatos que han protagonizado un grupo de veinteañeros y treinteañeros millonarios hay un problema de fondo gravísimo de falta de valores, de respeto y de perspectiva que pone en entredicho incluso el mito de la Francia multicultural y multirracial que se nos ha vendido en los últimos años. A todo ello, el papel bufonesco de Domenech en todo este asunto ha sido legendario. Quizás sea el momento de que, esta vez sí, un escritor avispado saque un best seller sobre lo que pasó en este Mundial en el hotel de concentración francés. Seguro que no tiene desperdicio.



Una España inquietante

La Roja emite señales muy inquietantes. Por lo visto hasta ahora, no pinta bien el Mundial. Es cierto que se perdió de forma injusta con Suiza y que se pudo golear a Honduras pero es en esos ‘casi’ donde reside el ‘kid’ de la cuestión. España, por lo visto hasta el momento, siembra dudas. Muchas dudas. Hay sombras en las dos áreas y en futbolistas puntuales. En el área propia, Iker genera inseguridad. No está bien el gran portero madridista y se le nota donde se le suele notar a los arqueros: en los balones cruzados y las salidas. Arriba, en el área ajena, se falla más que una escopeta de ferias y cuando eso sucede en futbolistas de la talla de Torres es porque les falta un punto de forma y para ganar un Mundial hay que estar en plena forma. Si a un equipo le fallan los dos extremos del campo, es una utopía el pensar que puede llegar lejos. Pero aún hay más. Xavi está tieso físicamente, igual que Iniesta, dos futbolistas clave y Capdevila muestra síntomas de agujero negro en el lateral izquierdo de la defensa. Su falta de rigor convierte algunas acciones defensivas de La Roja en un ejercicio al límite. Chile, el primer rival de cierto nivel con el que nos enfrentaremos ahondará en ese agujero izquierdo y esa circunstancia obligará a Piqué y Puyol a multiplicarse y dejar más huecos. Todo ello junto dibuja un escenario temible para los hombres de Del Bosque. O mejoran o mucho me temo que lo que toca ahora es ir sacando el billete de vuelta para España, ya sea en el último partido del grupo o en el partido de octavos.



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