Hace un par de semanas le dije a un compañero de la redacción, forofo del Barcelona hasta la médula, que las ayudas arbitrales al Barca eran ya tan evidentes que en pocas jornada, los árbitros iban a empezar a tocar las narices al club azulgrana. Dicho y hecho. Tras el escándolo de Gijón (con patada sin castigo de Messi incluida), el ‘Villarato’ (como lo ha bautizado la prensa de Madrid) ha querido lavar la imagen con un arbitraje medido en el Nou Camp. A mi, sinceramente, las expulsiones de Piqué y Márquez me parecen acertadas pero ambas rojas señalan un nuevo camino para un Barcelona al que la bula arbitral empezaba a perjudicar más que beneficiar. El ‘villarato’ torcerá un poco el gesto ahora. No viene bien que se extienda la sensación de que el Barca juega mejor que nadie y que, cuando no le llega, habrá un árbitro dispuesto a ayudar. Supongo que en las próximas semanas veremos algunas jugadas ‘raras’ en contra del Barca. De momento, esta jornada le han pitado su primer penalty en contra y terminó con nueve en el Nou Camp. Aunque Texeira acertará en las decisiones (también hubo un gol de Messi con fuera de juego posicional de Ibra), la sensación que queda en el aire es que hace tan sólo un par de semanas, no las hubiera pitado así. El problema, en todo caso, no es del Barcelona sino de Villar y su organización.
La Federación y la Liga de Fútbol Profesional acaban de aprobar que haya fútbol de Primera los lunes por la noche y de Segunda los viernes por la tarde. Así, sin más. Los jerarcas del fútbol cambian las condiciones de uso del fútbol a mitad de temporada, con total desprecio a los socios y abonados que se gastan una pasta a principio de temporada con la certeza de que el fútbol se juega en fin de semana; con total desprecio a las aficiones de los equipos visitantes que no podrán viajar al ser día laboral; con total desprecio de los miles de aficionados que sin ser socios ni abonados aprovechan las tardes de fin de semana para ir al fútbol. Los que mandan en el fútbol disparan una vez más contra los que les dan de comer. Lo llevan haciendo bastante tiempo. Todo lo que se hace desde la Feración y la LFP va en contra de los aficionados: los horarios a las diez de la noche (no hay trenes para los pueblos de los alrededores de la ciudad al finalizar los partidos), el que no se sepan los horarios de la jornada hasta siete días antes (no se puede planificar nada y si quieres viajas los precios de trenes, aviones y demás se disparan) y ahora fútbol los lunes y viernes. Días laborables. ¿Cuántos abonados de club habrán sacado sus abonos para la temporada por ser los partidos en sábado y domingo y ahora no podrán asistir por razones laborables? Para mi, todo esto es una vergüenza. Una más.
Rueda de prensa casi institucional, medida, pensada para no ofender a nadie, para dar imagen de deportividad, de madridismo, de futbolista que conoce las reglas del juego, las respeta y asume que su etapa como protagonista ya ha pasado y que ahora toca prepararse para otras funciones. Así fue la comparecencia ante los medios de Raúl González Blanco, el gran capitán del Real Madrid, el hombre que ha sido historia viva del club desde mediada la década de los noventa. Raúl ya ha arrojado el guante. Sabe que su tiempo ya ha pasado. Que meterá algún gol decisivo, que puede que a su carrera aún le quede un broche de oro que le permita agrandar aún más su leyenda. Se ha dado cuenta ya. Yo añado que ¡por fin! se ha dado cuenta. Raúl ha dado un paso atrás. Posiblemente, competitivo como es, le hayan obligado a darlo. El siete es hombre inteligente. Ha tensado la cuerda hasta donde ha podido y le han dejado pero lo cierto es que tras haberlo sido todo, la selección juega mejor sin él y el actual Madrid, también. Raúl es el último exponente de la saga mítica de sietes blancos. Ahí están Amancio, Juanito, Butragueño y ahora Raúl. Le quedan un par de años en el primer equipo. Jugará el mismo papel que tuvo otro grande como Sanchis. Después le espera el banquillo o la presidencia en el Real Madrid. Raúl, ayer, empezó a preparar su futuro.
Nada hay peor que la autocomplacencia y el autoengaño. Eso es lo que le está sucediendo a un Atlético de Madrid abocado al desastre y que, tras eliminar al Marbella, Recreativo de Huelva y Celta en la Copa del Rey, pretende tapar sus muchas vergüenzas mostrando su semifinal de Copa como la muestra irrefutable de que el equipo sigue siendo grande. Hablemos claro, sin pelos en la lengua: el Atlético de Madrid da pena. Pena deportiva, institucional y económica. Y eso no lo va a tapar ni siquiera un más que discutible, hoy por hoy, título de Copa del Rey. Indudablemente, los aficionados rojiblancos disfrutarán lo suyo pero tras las celebraciones deberían de dejar de mirarse el ombligo y afrontar una catarsis. Un terremoto que, a mi juici0, debe comenzar con la remodelación de la cúpula directiva del club. La entidad es de Gil Marín y no creo que a nadie le guste perder dinero por lo que deberá ser él quien tome las decisiones. Éstas deben pasar por un cambio de modelo y por el trabajo a medio plazo. El Atleti ya no es un grande pero tiene una formidable masa social detrás de él. El futuro tiene que pasar por la cantera, por trabajar con gente de la casa y ahorrar dinero para fichar a dos cracks que eleven el nivel. Ese trabajo en la cantera significa tener mejores instalaciones, buenos ojeadores, grandes técnicos de base y una forma de entrenar desde el primer equipo al alevín parecida. Una misma filosofía de club para todos. Si se hace bien, los resultados tardarán en llegar pero terminarán llegando. Ahora ni llegan ni se esperan. El club necesita un entrenador del primer equipo de perfil bajo, que beba de esa filosofía y necesita explicar a sus aficionados lo que toca vivir en temporadas venideras. Se avecinan tiempos muy negros en el Calderón y ni siquiera la Copa los aclarará, aunque lo disfracen como lo disfracen.
Estoy cabreado con Gutiérrez, alías Guti. Un tipo que es capaz de hacer con un balón y sobre un terreno de juego lo que hizo el catorce del Real Madrid sobre el césped de Riazor el pasado sábado, debería haber firmado una carrera memorable, indiscutible, casi a la altura de los grandes mitos del fútbol. Evidentemente, no ha sido así. Guti ha sido prácticamente un internacional testimonial con España, nunca fue titular indiscutible en el Real Madrid y, ni siquiera, ha disputado minuto alguno de las finales de Champions que han ganado los blancos en la última década. Con Gutiérrez quedará siempre la sensación de que pudo ser mucho más de lo que realmente ha llegado a ser. Seguramente, a él no le importe demasiado. Es joven, está forrado, ha jugado en el Madrid y en los mejores estadios del mundo y tiene por delante toda la vida para disfrutar de lo ganado pero yo soy de los que piensan que, cuando se juega al fútbol, lo haces porque te gusta, porque eres un enamorado de este deporte, porque quieres levantar la Champions con tu equipo y ser protagonista; porque quieres jugar un Mundial, porque…Guti eligió otro camino y él sabrá las razones por lo que lo hizo. Muchos dicen que es un genio. Para mi, un genio desaprovechado, que dilapidó su talento. Un tacón para la historia, una carrera desaprovechada.
Comienza la segunda vuelta de la Liga y lo hace con aires en los que se acumulan partidos con sabor a final, tanto en la lucha por el título como por la superviviencia. En esta última categoría se enmarca el Tenerife-Zaragoza que se juega en el Heliodoro Rodríguez López. Es vital para los chicharreros, que son los que marcan el descenso con 17 puntos, pero absolutamente a vida o muerte para el Zaragoza y su entrenador, Gay. Si los maños caen, su camino a Segunda parece inevitable. Para Gay no habrá más oportunidad. También son clave el Atlético de Madrid-Málaga y el Valladolid-Almeria. Todos juegan con el aliento del infierno en la nuca. Por arriba, a todo o nada es el Depor-Madrid, donde los blancos llevan casi dos décadas sin ganar. De perder, el Madrid se despedirá casi de la Liga siempre y cuando el Barcelona cumple con los pronósticos y vence al Sporting. Con olor a Champions juegan Sevilla y Valencia en Nervión. En resumen, una jornada para enmarcar y no despegarse de televisores y radios.
El Atlético de Madrid está obligado a dar hoy lo mejor de sí mismo, si es que le queda aún de donde sacar. Se lo debe a sus aficionados y a sí mismo, como club, como entidad, como equipo que un día fue grande. No hace tanto de ello. Esta mañana me ha llamado un amigo de los tiempos del colegio, Fernando, al que cariñosamente apodábamos el ‘negro’. Es ‘indio’ de toda la vida, de los que en cuarto de EGB ya iba al Calderón porque era socio en una época en la que ningún niño éramos socios de un equipo. Ha seguido al Atleti por todos los lados. En Segunda, en la Champions, en UEFA, en Copa…Hoy me ha dicho que no sabe si va a ver el partido de Copa del Rey, que está desencantado, que lo que está sucediendo este año en el equipo no lo ha visto nunca. Supongo, que como la cabra tira al monte, al final lo verá. Y como él miles de hinchas del atlético a los que su equipo les debe no una, sino cientos. El Atleti lleva desde el famoso año del doblete haciendo poco menos que el ridículo. Desde entonces hasta ahora, ha pasado dos años en el Infierno, catorce años sin jugar la Champions, más de una década sin aparecer por Europa y once temporadas ya sin conseguir la victoria que más desean sus seguidores: poner al Madrid de rodillas. Por si eso fuera poco, ‘el negro’ y muchos más han visto hacer al Barca un set en el Calderón y vivido partidos infames año tras año. Por eso el Atleti les debe esta Copa del Rey. Una Copa donde no hay excusa posible. No están el Madrid, ni el Barcelona ni el Valencia y el equipo ha tenido un camino sencillo eliminando al Marbella, el Recreativo y Celta. La Copa significa volver a ganar un título; significa volver a sonreír, signifca asegurarse Europa; significa regresar a Neptuno, significa acabar con años y años de sequía…por eso el Atleti se lo debe hoy al Negro aunque estoy seguro de que, hagan lo que hagan hoy, volverá a estar este domingo en las gradas del Calderón, junto a otros miles de hinchas defraudados hasta decir basta pero locos por el Atléti.
La portada del diario SPORT de ayer no puede menos que dejar estupefacto a cualquier aficionado al fútbol con un mínimo de cabeza. El citado diario catalán hizo, a mi juicio, un juicio demagógico sin precedentes en contra de un futbolista. Sport tildó a Cristiano Ronaldo de ‘provocador, agresivo y chulo’. No contento con ello, ilustró el asunto con tres fotografías que supuestamente acreditan el estilo chulesco, provocador y agresivo de CR9 y para rematar la faena se metió de lleno en su papel de presionar al Comité de Competición con un rotundo ¡con un partido no basta¡. Es decir, Sport, supuestamente un periódico serio, con miles de lectores y un medio de comunicación que debe generar opinión de forma responsable se convierte en instigador contra un futbolista de no se sabe qué odios y en presionador de un Comité al que le dice lo que tiene que hacer. La portada de Sport, a mi juicio, sobrepasa algunas líneas que no deben sobrepasarse. Sitúa a Cristiano Ronaldo en una diana; le construye una imagen que nadie sabe si es verdad o no porque calificar a CR9 de chulo, provocador y agresivo entra de lleno en el terreno de la opinión; apuntala sus atrevidas afirmaciones de forma demagógica y presiona a la Federación. Todo lo que no debe hacer un medio de comunicación. Seguramente, venderán mucho más en esa línea pero para mi pierden su alma. No me identifico con ese tipo de periodismo que apela a la víscera y olvida su función principal, que no es otra que la de informar.
A Cristiano le tienen cogida la medida los árbitros de la liga española. Ayer fue Pérez Lasa el que le mandó a la caseta antes de tiempo tras un codazo del portugués a Mtiliga. La expulsión de Cristiano fue justa como tambièn podría haberse quedado en una cartulina amarilla. Una cuestión de criterio. Nadie puede defender que eso no sea roja pero lo cierto es que el crack lleva ya dos rojas, mucho para un delantero al que cosen a patadas y provocaciones todos los partidos, todas las jornadas. CR9 tiene que aprender a controlar sus impulsos pero no es menos cierto que existe un doble rasero peligroso: provocar y dar y dar patadas sale barato. Basta con cabrear lo suficiente al que las recibe para que éste se tome la jusiticia por su mano y devuelva una provocación en formato de patada destemplada o mano que vuela. A Cristiano le esperan tiempos duros en la Liga de las Estrellas. Es la pieza a cobrar. La medalla en el pecho del árbitro ‘valiente’ y de los cazadores de recompensa que pululan por los estadios. Lo cierto es que en toda historia hay un gran perjudicado: el Real Madrid y un beneficiado indirecto: el Barcelona. El Madrid tuvo que jugar en Mestalla y lo tendrá que hacer en Riazor, dos de las salidas más complicadas del calendario, sin su estrella. En A Coruña se juega buena parte de la Liga y va sin su gran figura. Culpa de Cristiano, es cierto, pero señores árbitros, un poco de protección preventiva tampoco vendría mal.
Pep Guardiola renovó ayer su contrato como entrenador del Barcelona pero lo curioso es que renovó pero no renovó; firmó pero no firmó. Es decir, que dio su palabra, cosa que debe bastar o a mi al menos me bastaría, pero que todo sigue igual que el día anterior, cuando Laporta lanzaba SOS para que el de Sant Pedor renovara y de esa forma apuntarse un tanto. El presidente azulgrana cumplió su objetivo pero lo cierto es que todo sigue igual que en semanas anteriores. Guardiola, con todos los ases de la baraja en la mano, ha hecho lo que ha querido: aplacar los ánimos de los periodistas al tiempo que no ha firmado nada hasta conocer el nombre del sucesor de Laporta. Pep está esperando. Si Laporta pudiera continuar, no tengo duda de que a Guardiola no le haría gracia alguna seguir al frente del banquillo y no sería de extrañar que se tomará un año sabático o que escuchará los cantos de sirena que vienen desde la Premier. Lo mismo sucederá si el que gana las elecciones es un delfín del laportismo. Si el vencedor es Sandro Rosell, Guardiola firmará encantado ese contrato. Si gana un tercero, Pep escuchará lo que tengan que decirle. Lo que es cierto es que Laporta, al menos, se lleva la satisfacción de hacerse la foto con la ‘renovación no renovación’ del mister. Eso, a él, le vale tanto como un título, según sus propias palabras. Es lo que tienen los egos bien cebados.